Fue un crucificado el que vino a traer al mundo el mensaje del amor. Un crucifijo nos recuerda a todos el poder devastador del odio y la venganza.

Por la cruz y su fuerza, el hombre ha aprendido a amar a su semejante, y a ver al que está próximo como prójimo. Con su luz ha aprendido a ser antorcha para los que sufren. Por la cruz, hombres y mujeres de todo el mundo han sacrificado sus vidas como testimonios elocuentes de servicio y caridad para llevar un poco de esperanza al hermano abatido.

Por Jesucristo Crucificado se realizan las obras más costosas y que exigen mayor sacrificio.
Mirándole a Él clavado en la Cruz, se tiene valor para todo.